¿Te has tomado el jengibre?


En cuanto alguien se empieza a encontrar mal en la librería siempre hay alguna que dice: “¿ya te has tomado el jengibre?”. No falla. Antes incluso de buscar un pañuelo o ofrecer un caramelo, aparece la recomendación estrella de la casa. La infusión de jengibre con limón, según la tradición no escrita del equipo, sirve para todo: resfriados, gargantas irritadas o días con poca energía.

Cuando llegué a Índex Books este septiembre me parecía que exageraban su potencial sanador. Observaba con cierta distancia ese entusiasmo casi ceremonial alrededor de los termos de infusiones. Pensaba que sería una de esas costumbres bonitas pero simbólicas, más afectivas que eficaces. Pero después de probarlo varias veces (primero por curiosidad, luego por necesidad) no pude más que rendirme ante la evidencia.

Como toda buena receta casera, las medidas son a ojo. Desgajamos un trozo grande de jengibre pelado en un litro y medio de agua hirviendo. Lo dejamos un máximo de cinco minutos (si lo dejas más, pica). Retiramos del fuego y añadimos el jugo de medio limón grande y miel al gusto. Cada una tiene su versión. Ninguna es exactamente igual y todas funcionan.

Puede que nos dejemos llevar por nuestros propios sesgos de confirmación para seguir creyendo a pies juntillas en nuestro milagroso té de jengibre. Puede que parte de su efecto esté en la pausa, en el calor o en la compañía. El jengibre, sin proponérselo, acaba siendo una excusa para detenernos unos minutos y cuidarnos las unas a las otras entre los libros.

Por eso, cuando llegó a nuestras manos 101 usos increíbles del jengibre, sentimos que el libro tenía que quedarse. No fue una decisión muy racional: simplemente nos hizo ilusión encontrar un volumen entero dedicado a ese ingrediente que tantas veces aparece en nuestras conversaciones. Es uno de esos libros amables, perfectos para regalar o para tener cerca en la cocina.

El libro forma parte de una colección de Susan Branson que explora también los usos de otros alimentos como la cúrcuma, el ajo o el aloe vera. Son títulos sencillos, prácticos y llenos de pequeñas ideas que conectan con saberes cotidianos. Nos gustan porque no pretenden imponer verdades absolutas, sino despertar la curiosidad y recuperar ese conocimiento doméstico que pasa de mano en mano.

Así que si algún día pasas por aquí con la voz tomada o simplemente con ganas de algo calentito, probablemente alguien te pregunte lo mismo que nos decimos entre nosotras: ¿ya te has tomado el jengibre? Y quizá, después de leer este libro, entiendas por qué insistimos tanto